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Cuando Chávez se reclamó revolucionario y expresó que su horizonte sería el socialismo, estaba declarándole la guerra a la potencia imperial más grande de la historia mundial, los Estados Unidos y a sus títeres en Venezuela, quienes se creyeron dueños eternos del petróleo del pueblo venezolano.

11 de Setiembre de 1973, en Santiago de Chile, se realiza el golpe de estado que terminaría con la inmolación del Presidente Salvador Allende en el Palacio de la Moneda. Hace algunos años, se desclasificaron documentos del servicio inteligencia de los Estados Unidos, confirmándose su participación junto a los grupos empresariales locales y la derecha política chilena. El gobierno norteamericano con el presidente Nixon a la cabeza, financió, asesoró y reclutó militares y trabajadores para instalar una de las más brutales dictaduras de América Latina, la dictadura militar de Pinochet.  El derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular formó parte de “El Plan Cóndor”, la estrategia más eficaz, en la lucha contra insurgencia, formulada desde el servicio de inteligencia norteamericano que dejó un saldo aproximadamente de 50.000 muertos, 30.000 desaparecidos y 400 000 presos, según Amnistía Internacional. Hoy el gobierno de los Estados Unidos quiere hacer en Venezuela algo muy similar a lo que hiso en Chile en 1973.

El gobierno de los Estados Unidos conjuntamente con los grupos de poder económicos en Venezuela,  han iniciado una tenaz guerra económica, sabotajes, acaparamiento y usura, contra el pueblo venezolano, realmente es una guerra. Un ejemplo claro es, la región de Portuguesa, donde hoy la gente viene perdiendo peso y está pasando hambre, siendo una región cerealera. Es sin lugar a dudas una verdadera proeza de resistencia que el pueblo venezolano viene afrontando.

Las corrientes marxistas en Venezuela, reconociendo que la crisis es económica, se afirman en la posición de que la salida y la solución son políticas; la política al mando, si no se soluciona lo político, el entrampamiento extenderá la crisis. Pero hay que recordar la complejidad de nuestras sociedades latinoamericanas, con sectores de la población importantes habitando en la marginalidad, exclusión y pobreza, que deshumanizan y precarizan la vida, la que utiliza el golpismo, para poder quebrar la voluntad popular y pugnar por capturar la presidencia. Es por eso que la oposición tiene que ejercer disputa sobre todos los temas, como lo hace. La tendencia va a que las posiciones entre el chavismo y la derecha, se han cada vez más irreconciliables.

En Venezuela dos fuerzas políticas ya se declararon la guerra, cada cual hará lo que sea necesario para imponerse, cada una tiene sus propios aliados sus propias fortalezas; la derecha está a la ofensiva. La crisis actual será una batalla más, no la definitiva porque a diferencia de otros procesos progresistas latinoamericanos, en el chavismo, se ha generado una identidad política que ha impactado en la cotidianidad del pueblo y que, como el peronismo podrá dejar el gobierno pero ya estableció un régimen político y una hegemonía social, pero en especial un icono simbólico potente: Hugo Chávez, que garantizaran su existencia y posterior retorno al gobierno.

Es una coyuntura vertiginosa, el chavismo anuló la asamblea y el órgano electoral ha declarado que descubrió fraude en la recolección de firmas. Parado el referéndum, el chavismo quiere pelear, dejar la resistencia estratégica e ir hacia la ofensiva, cuentan aún con muchos sectores populares con capacidad de movilización y está Maduro convencido que puede ganar, pero está en un escenario complicado, de alcanzar una victoria no será a corto plazo, han golpeado a la población muy fuerte, la peor crisis económica de Venezuela en 100 años de explotación petrolera rentista.

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