Compartir

La semana que pasó estuvo cargada de noticias lamentables, verdades descubiertas y nuevos escándalos políticos. El fallecimiento de un campesino en Apurímac a causa de la represión policial contra comuneros que manifestaban su rechazo al proyecto minero “Las Bambas. El sensible fallecimiento de tres bomberos en el incendio de un almacén del Ministerio de Salud en El Agustino que se llevó consigo la vida de estos héroes y documentos con importante información.

El “negociazo” del ex asesor presidencial que tenía como principal artífice a un médico, aquel profesional que hizo un juramento hipocrático para ponerse al servicio de la humanidad. Además, Gilbert Violeta, actual Congresista de la República (Bancada PPK), es señalado de haber cobrado cupos a ex candidatos al Congreso a cambio de postular. Por si ello fuera poco, a las mujeres nos siguen matando a cada minuto.

Todos estos hechos en el trasfondo nos conducen a la terrible nube espesa de la corrupción y los conflictos de intereses.  Debo confesar que cada vez que escribo sobre la corrupción, sale lo peor de mí. No sólo porque me enfade que gran parte de los políticos roben, sino porque males endémicos como éstos, les sirve a los que están a la captura de cualquier argumento para demonizar lo público, la política y, por ende, la democracia y el Estado.

No niego con ello que los primeros en poner en peligro la democracia y debilitar la confianza del ciudadano hacia sus instituciones son todos aquellos que se dejan corromper y, ¡ojo!, también aquellos que a su vez corrompen. Con mayor responsabilidad, para todos aquellos que ocupan un cargo en el Estado y toman decisiones que ponen en juego al país en su conjunto. No por ello debemos perder de vista a quienes siempre han despreciado al Estado, sus instancias y su intervención-aun así sea mínima-, en cristiano: todo aquello diferente a lo que se materializa en el mercado. Porque aprovechan la coyuntura para poner en marcha su programa de máximos. En ello están. Y parece que lo están consiguiendo.

Suscita atención de que lo gordo de este asunto está en la corrupción política y su convivencia con la corrupción empresarial para capturar el Estado y la nación. En los artificios para pagar menos tributos o zafarse de ellos, en explotar cada vez más al trabajador, en sus intentos perversos de intervenir en procesos privatizadores. Es ahí donde se encuentra la arista del tema y donde se ocultan los números más gruesos, puesto que gracias a los tratados de libre comercio y al derribe de barreras de protección comercial de Estados como el nuestro, se imposibilita aún más descubrir los paraísos fiscales a donde nos conducen estos números.

Sin duda, se viene un tornado político para PPK, sus intereses, los intereses de sus amigos y todos aquellos que hoy en día pueden agradecerle un puesto en el Estado.

Comentarios

Comentarios